VERDURAS CONGELADAS: ¿SON TAN SALUDABLES COMO LAS FRESCAS?

Ruth Magem Dietista Integrativa

Ruth Magem

 

Las verduras congeladas pueden ser tus mejores aliadas. Generalmente se procesan poco después de la cosecha y, antes de congelarlas, muchas pasan por un breve escaldado que ayuda a inactivar enzimas y conservarlas durante más tiempo. Después se congelan rápidamente, lo que permite mantener buena parte de sus vitaminas, minerales y otras características nutricionales. Además, son prácticas, te ahorran tiempo y evitan que termines con media bolsa de espinacas pochas en el fondo de la nevera. ¿Lo mejor? Te pueden ayudar a comer más verduras sin complicaciones.

Entonces, ¿cuál es la trampa? En realidad, la verdura congelada en sí no tiene ninguna trampa. El problema es que no todo lo que encontramos en la sección de congelados es simplemente verdura. Algunas preparaciones incorporan salsas, aceites, almidones, sal u otros ingredientes. Y aquí es donde hay que afinar la vista.

 

¿Qué mirar en la etiqueta?

Lo primero es comprobar qué estás comprando realmente. Si compras brócoli congelado, la lista de ingredientes puede ser simplemente: «brócoli». Si compras espinacas: «espinacas». Y punto. Las verduras congeladas no necesitan salsas, aceites refinados, almidones, azúcares ni otros ingredientes para convertirse en una buena opción.

El problema aparece cuando una bolsa que a simple vista parece simplemente verdura es, en realidad, un preparado con bastantes más ingredientes. Por eso merece la pena darle la vuelta y leer la etiqueta.

En cuanto a los aceites, personalmente prefiero comprar las verduras solas y añadir en casa un buen aceite de oliva virgen extra. En algunos preparados encontramos aceites refinados, como el aceite de girasol, o grasas como el aceite de palma. Las verduras las compras tú y el aceite de calidad se lo puedes poner en casa.

 

Aditivos y otros ingredientes que puedes encontrar

Cuando leemos la etiqueta de algunos preparados de verduras congeladas podemos encontrarnos con nombres que quizá no sabemos qué significan. Aprender a reconocerlos es una buena manera de entender cuándo hemos dejado de comprar simplemente verduras y estamos ante un producto mucho más procesado.

  • Almidón modificado: se utiliza principalmente para espesar y modificar la textura.
  • Goma xantana (E415): espesante y estabilizante utilizado para conseguir una determinada textura y mantener homogénea una preparación.
  • Goma guar (E412): otro espesante y estabilizante utilizado para modificar la consistencia.
  • Proteína de soja: no es un aditivo, sino un ingrediente que puede incorporarse a determinadas preparaciones.
  • Suero de leche: tampoco es un aditivo; es un ingrediente derivado de la leche que podemos encontrar en algunos productos preparados.
  • Aromas: se utilizan para aportar o intensificar determinadas características de sabor y aroma.
  • Glutamato monosódico (E621): es un potenciador del sabor que intensifica especialmente el sabor umami.

¿Necesitamos todo esto para comer un plato de verduras? No. Si queremos comprar verduras congeladas, podemos escoger perfectamente productos cuya lista de ingredientes sea simplemente «brócoli», «espinacas», «judías verdes» o una mezcla de diferentes verduras. Después, en casa, añadimos el aceite de oliva virgen extra, las especias, las hierbas aromáticas o los ingredientes que queramos.

Esa es precisamente una de las grandes ventajas de aprender a leer etiquetas: distinguir unas simples verduras congeladas de un preparado ultraprocesado elaborado a partir de verduras. Que la base sea saludable no convierte automáticamente en una buena elección todo lo que se le añada.

En estos primeros ejemplos encontramos preparaciones que incorporan otros ingredientes además de las verduras:

Preparados de verduras congeladas

En cambio, en estos ejemplos la lista de ingredientes está formada únicamente por las propias verduras:

Verduras congeladas sin ingredientes añadidos

 

Las mezclas de verduras congeladas también pueden ser una buena opción

Las bolsas de verduras variadas pueden ser muy prácticas y no hay ningún problema en que contengan brócoli, zanahoria, judías verdes, coliflor, guisantes u otras verduras mezcladas. De nuevo, la clave está en saber qué estamos comprando. Si queremos simplemente un mix de verduras, buscamos eso: verduras.

Algunas preparaciones incorporan además pasta, beicon, queso, salsas, aceites u otros ingredientes. En ese momento ya estamos comprando un producto diferente y merece la pena valorar su composición completa.

 

¿Cuándo son una buena opción?

Cuando no tienes tiempo para comprar verdura fresca con frecuencia, cuando quieres tener un recurso rápido para preparar una comida, cuando parte de la verdura fresca termina estropeándose en tu nevera o simplemente cuando quieres disponer de más variedad durante todo el año. Tener verduras congeladas en casa también puede ser una excelente estrategia para esos días en los que cocinar se nos hace cuesta arriba: abrir una bolsa, cocinar y aliñar requiere muy poco tiempo.

También puedes utilizarlas directamente en muchas recetas. Por ejemplo, en este arroz tres delicias las verduras congeladas son una forma muy práctica de ahorrar tiempo y tener los ingredientes siempre a mano.

 

¿Las verduras congeladas pierden nutrientes?

No podemos responder simplemente que las verduras frescas conservan todos sus nutrientes y las congeladas pierden una parte. La realidad es bastante más interesante. Antes de congelarlas, muchas verduras pasan por un breve escaldado y durante este proceso pueden producirse pérdidas de algunas vitaminas sensibles al calor y al agua, especialmente vitamina C y algunas vitaminas del grupo B. Sin embargo, la congelación ralentiza muchísimo las reacciones que degradan los alimentos y permite conservar buena parte de sus nutrientes durante el almacenamiento.

Además, hay un detalle importante cuando hacemos esta comparación: si esas verduras frescas también las vamos a cocinar, parte de esas pérdidas se producirán igualmente en nuestra cocina. La verdura congelada simplemente ha recibido previamente ese breve tratamiento térmico antes de llegar a casa. Por tanto, no tendría demasiado sentido penalizarla por el escaldado sin tener en cuenta que muchas de las verduras frescas con las que la estamos comparando tampoco las vamos a consumir crudas.

Y todavía hay otro factor. Una verdura «fresca» tampoco mantiene intacta su composición desde que se recoge hasta que llega a nuestro plato. El transporte, el almacenamiento, los días en el supermercado y el tiempo que pasa después en nuestra nevera también pueden provocar pérdidas de determinados nutrientes. Por eso, dependiendo de la verdura, del nutriente, del tiempo transcurrido desde la cosecha y de cómo la cocinemos después, las diferencias nutricionales entre fresca y congelada pueden ser mucho menores de lo que solemos imaginar. Los minerales y la fibra, por su parte, son mucho más estables.

¿Prefieres verlo en vídeo? Te dejo aquí mi resumen sobre verduras congeladas en Instagram.

 

¿Y la textura?

Aquí sí podemos notar claramente una diferencia. Durante la congelación se forman cristales de hielo que pueden alterar parte de la estructura celular de las verduras y, por eso, algunas quedan más blandas después de descongelarlas. No significa que sean peores: simplemente tenemos que saber para qué preparaciones funcionan mejor.

Son estupendas para cremas, sopas, guisos, salteados y muchas preparaciones cocinadas. Si buscas una textura especialmente firme o crujiente, dependiendo de la verdura y de la receta, probablemente obtendrás mejores resultados utilizando producto fresco.

 

 

Congelar tus propias verduras también es una opción (y muy práctica)

Si las verduras congeladas del supermercado pueden sacarte de más de un apuro, hay otra estrategia que a mí me resulta especialmente práctica: hacer mis propias bolsas de verduras congeladas en casa.

Te cuento mi estrategia estrella. Cuando compro calabaza, la pelo y la corto una sola vez, no cada vez que quiero hacer una crema. Hago lo mismo con la zanahoria y el puerro, preparo mis propias bolsas con la mezcla y las guardo en el congelador. ¿Resultado? Cuando quiero hacer una crema, solo tengo que poner el caldo a hervir, añadir las verduras, sazonar con romero, tomillo o lo que me apetezca en ese momento y listo. Sin pelar, sin cortar y sin perder tiempo.

Además de ahorrar trabajo, esta forma de organizarme evita que acabe con media calabaza olvidada en la nevera hasta que un día decide convertirse en un experimento de microbiología. Y puedes hacer lo mismo con muchas otras verduras, aunque conviene tener en cuenta que no todas se congelan igual de bien: algunas pueden congelarse directamente y otras conservan mejor sus características si reciben previamente un breve escaldado. También merece la pena tener en cuenta para qué las vas a utilizar después, porque la congelación puede modificar la textura de algunas verduras.

En mi caso, como estas bolsas están pensadas para preparar cremas y las verduras van a cocinarse directamente, priorizo precisamente la practicidad: preparo, congelo y tengo una base lista para utilizar cuando la necesito. Congelar nuestras propias verduras también nos permite escoger la materia prima, decidir exactamente qué ponemos en cada bolsa y aprovechar mejor los alimentos que tenemos en casa.

 

Verduras congeladas: sí, pero bien elegidas

Las verduras congeladas pueden ser una opción estupenda y tenerlas siempre disponibles nos puede facilitar muchísimo la alimentación diaria. Si las compramos, miramos la etiqueta y escogemos verduras sin salsas, aceites refinados, azúcares ni otros ingredientes innecesarios. Y si las congelamos nosotros, podemos organizarlas según las preparaciones que hacemos habitualmente y reducir además el desperdicio alimentario.

Comer bien también consiste en encontrar soluciones prácticas que funcionen en nuestra vida cotidiana. Si tener brócoli, espinacas, judías verdes o nuestras propias bolsas de verduras esperando en el congelador hace que acabemos comiendo más verdura, el congelador puede ser un magnífico aliado.

 

FAQ

Preguntas frecuentes sobre las verduras congeladas

¿Hay que descongelar las verduras antes de cocinarlas?

No siempre. Muchas verduras congeladas están pensadas para cocinarse directamente desde el congelador y descongelarlas previamente puede incluso empeorar su textura. Lo mejor es seguir las indicaciones del fabricante y adaptar después la cocción a la receta que vayamos a preparar.

¿Se pueden volver a congelar unas verduras descongeladas?

Aquí importa cómo se han descongelado y qué ha ocurrido con el alimento durante ese tiempo. Desde el punto de vista de seguridad alimentaria, no deberíamos dejar verduras descongelándose durante horas a temperatura ambiente. Si queremos volver a congelar un alimento, debemos tener en cuenta las condiciones de descongelación y manipulación que haya tenido.

¿Cuánto tiempo duran las verduras congeladas?

El congelador permite conservarlas durante mucho tiempo, pero no indefinidamente con la misma calidad. En un producto comercial debemos guiarnos por la fecha y las condiciones de conservación indicadas en el envase. En las verduras que congelamos nosotros mismos conviene etiquetar las bolsas con el contenido y la fecha para evitar que terminen formando parte de la arqueología del congelador.

¿Hay que lavar las verduras congeladas antes de cocinarlas?

No, las verduras congeladas comerciales ya han sido lavadas y preparadas antes de su congelación, pero debemos seguir las instrucciones específicas del envase. Además, muchas están destinadas a consumirse después de una cocción, algo que también aparecerá indicado por el fabricante.


Ruth Magem
Dietista
Colegiada ASNADI 1002

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