CÓMO ESCOGER UNA BUENA SALSA DE TOMATE

Ruth Magem Dietista Integrativa

Ruth Magem

 

En los supermercados que frecuentamos, las estanterías están llenas de diferentes marcas y tipos de salsa de tomate, cada una prometiendo ser la mejor para acompañar nuestras recetas. Desde opciones caseras hasta industriales, con y sin azúcar, ecológicas o tradicionales, la oferta es tan amplia que puede resultar abrumador saber cómo elegir una salsa de tomate. Aprender a interpretar una etiqueta y comparar productos sin depender de mensajes como «natural», «casero» o «tradicional» forma parte de la educación nutricional y nos permite tomar decisiones con mucho más criterio en el supermercado

Pero una buena salsa de tomate no solo puede realzar el sabor de nuestros platos: su composición puede ser muy diferente dependiendo del producto que escojamos. En este artículo te ayudo a fijarte en lo que realmente importa desde el punto de vista nutricional para que puedas comparar opciones y decidir con criterio. Paso a paso, ¡sígueme!

1. Lee siempre la etiqueta de la salsa de tomate

El primer paso para elegir una buena salsa de tomate es leer la etiqueta. Aunque muchas marcas ofrecen salsas con etiquetas llamativas que destacan lo ‘natural’ o ‘tradicional’ de sus productos, lo que realmente importa es la lista de ingredientes y la información nutricional.

  • Ingredientes mínimos: Busca una salsa que tenga pocos ingredientes. Lo ideal es que incluya tomates, aceite de oliva, sal y especias. Evita aquellas que contengan una larga lista de aditivos, conservantes, y colorantes, que pueden ser señales de un producto altamente procesado.
  • Evita el azúcar añadido: Muchas salsas de tomate comerciales contienen azúcar añadido para equilibrar la acidez del tomate. Sin embargo, esto no es necesario desde el punto de vista culinario y puede incrementar el contenido calórico y de hidratos de mala calidad. Opta por aquellas que especifiquen ‘sin azúcar añadido’ o que no incluyan azúcar en sus primeros ingredientes. Cuidado: el jarabe de glucosa, la sucralosa y el aspartamo se usan en algunas salsas en lugar del azúcar, todos ellos son aditivos y es mejor evitarlos ya que son incluso más nocivos para la salud que el azúcar.

2. Controla el contenido en sal

Una buena referencia práctica al comparar productos es buscar opciones con menos de 1 g de sal por cada 100 g y, si encontramos una que nos guste por debajo de 0,5 g, mejor todavía. Recuerda comparar siempre los productos por 100 g, porque así podemos valorar opciones diferentes en las mismas condiciones.

3. Fíjate en la cantidad y calidad del tomate

No todos los tomates son iguales, y la calidad de los tomates que se utilizan en la salsa marca una gran diferencia en su valor nutricional. Si es posible, elige salsas que estén hechas con tomates cultivados localmente o que sean ecológicos. Este tipo de tomates suelen tener un sabor más intenso y menos residuos de pesticidas.

4. Mira qué aceite contiene

El tipo de aceite utilizado en la salsa de tomate también es un aspecto importante a la hora de escoger. Mi primera elección es el aceite de oliva virgen extra (AOVE), tanto por su perfil de ácidos grasos como por los compuestos bioactivos que conserva al obtenerse mediante procedimientos mecánicos.

En algunas salsas encontramos aceites vegetales refinados, como aceite de girasol, colza, soja o maíz, y también grasas como el aceite de palma. Si tengo que escoger entre diferentes productos, prefiero una salsa elaborada con aceite de oliva virgen extra y es también la opción que recomiendo habitualmente en consulta.

5. Descubre el poder del licopeno

Uno de los grandes beneficios de la salsa de tomate es su alto contenido en licopeno, un potente antioxidante que puede reducir el riesgo de enfermedades del corazón y ciertos tipos de cáncer. El licopeno se encuentra en concentraciones más altas en los tomates cocinados que en los frescos, lo que convierte a la salsa de tomate en una excelente fuente de este compuesto. Ahí estamos salvados…todas las salsas de tomate contienen licopenos, no dejes que lo demás lo estropee. Si te apetece aprovechar el tomate de otra manera, puedes probar esta sopa de tomate cremosa, una receta sencilla que puedes preparar tanto con tomate natural como con conserva casera.

¿Quieres saber un poco más sobre el tomate y sus propiedades? Puedes consultar aquí la información de la Fundación Española de la Nutrición.

6. Salsas de tomate caseras y artesanales

Si realmente quieres asegurarte de lo que estás comiendo, una excelente opción es preparar tu propia salsa de tomate en casa. Esto te permite controlar los ingredientes, la cantidad de sal, y evitar cualquier tipo de conservante o azúcar añadido. Sin embargo, también hay en el mercado opciones de salsas artesanales que suelen tener una lista de ingredientes mucho más limpia y están hechas con técnicas tradicionales. Estas pueden ser una opción intermedia entre la salsa industrial y la casera.

7. ¿Es mejor una salsa de tomate ecológica?

Si el presupuesto lo permite, una salsa de tomate ecológica puede ser una muy buena elección. La certificación ecológica garantiza que sus ingredientes se han producido siguiendo unas normas específicas que restringen el uso de pesticidas y fertilizantes de síntesis química y establecen prácticas orientadas a proteger el suelo, la biodiversidad y el medioambiente. Además, no es simplemente una declaración del fabricante: es un sistema regulado, sometido a controles y certificación.

Eso sí, que una salsa sea ecológica no significa que podamos olvidarnos de leer la etiqueta. Seguiremos mirando la cantidad de tomate, el tipo de aceite, la sal, los azúcares añadidos y el resto de los ingredientes. Entre dos productos con una buena composición, personalmente priorizaría el ecológico; pero el precio también cuenta y no siempre la diferencia encaja en todos los presupuestos.

8. ¿Una salsa de tomate más cara es mejor?

No necesariamente. El precio puede estar condicionado por origen, marca, producción ecológica, envase, porcentaje de tomate, tipo de aceite, etc. La etiqueta nos permitirá saber si realmente estamos pagando por una composición que nos interesa.

9. Revisa los aditivos

En las salsas de tomate de los supermercados, se utilizan varios aditivos para mejorar la conservación, textura, sabor y apariencia del producto. Que una salsa contenga un aditivo autorizado no significa automáticamente que sea una mala opción. Este listado te puede ayudar a reconocerlos y entender para qué están ahí. Si buscas una salsa sencilla, una lista corta y reconocible puede facilitar mucho la elección, pero conviene valorar el producto completo: cantidad de tomate, aceite utilizado, azúcares añadidos, sal y composición general. A continuación, te presento los aditivos más comunes que se encuentran en las salsas de tomate comerciales para que puedas identificarlos:

 

CONSERVANTES

  • Ácido cítrico (E330): Utilizado como regulador de acidez y conservante, ayuda a prolongar la vida útil del producto y a mantener el sabor del tomate. También actúa como antioxidante.
  • Sorbato de potasio (E202): Un conservante que inhibe el crecimiento de hongos y mohos en las salsas de tomate, muy común en productos procesados.
  • Benzoato de sodio (E211): También es un conservante que se usa para evitar el crecimiento de bacterias, mohos y levaduras. Es común en salsas con un alto contenido de azúcar.

ESTABILIZANTES Y EMULSIONANTES

  • Goma guar (E412): Un espesante y estabilizante que se utiliza para mejorar la textura de la salsa y evitar que los ingredientes se separen. Proporciona una consistencia más suave y homogénea.
  • Goma xantana (E415): Se utiliza como espesante y estabilizante para mejorar la textura y la estabilidad de la salsa de tomate, evitando que el agua y el aceite se separen.
  • Lecitina de soja (E322): Un emulsionante que ayuda a combinar ingredientes que normalmente no se mezclan, como agua y aceite.

COLORANTES

  • Betacaroteno (E160a): Un colorante natural que se usa para mejorar el color de la salsa de tomate, dándole un tono más vibrante y atractivo. Es una fuente de vitamina A y proviene de vegetales como zanahorias.
  • Extracto de pimentón (E160c): Otro colorante natural que se utiliza para intensificar el color rojo de las salsas de tomate, aportando un color brillante sin alterar el sabor.

ACIDULANTES

  • Ácido acético (E260): Este aditivo se usa para ajustar la acidez de la salsa y darle un sabor más equilibrado. Es el principal componente del vinagre.
  • Ácido láctico (E270): Usado para regular la acidez y estabilizar el pH de la salsa, también actúa como conservante.

AROMATIZANTES

  • Aromas naturales o artificiales: Algunos productos incluyen aromas adicionales para realzar el sabor del tomate o para compensar la falta de sabor natural en salsas más procesadas. Estos pueden ser tanto de origen natural como sintético.

POTENCIADORES DEL SABOR

  • Glutamato monosódico (E621): Aunque es más común en otros productos, algunas salsas de tomate pueden contener este potenciador de sabor para intensificar el sabor umami del tomate. Es bastante común en productos procesados más baratos.
  • Extracto de levadura: A veces se utiliza para dar un sabor umami más profundo sin usar glutamato monosódico directamente.

AZÚCARES AÑADIDOS

  • Jarabe de glucosa: Muchos fabricantes añaden este tipo de azúcares para equilibrar la acidez del tomate, lo que puede impactar negativamente en el contenido nutricional de la salsa.

ANTIOXIDANTES

  • Ácido ascórbico (E300): Es un antioxidante utilizado para evitar la oxidación del tomate y para preservar el color y los nutrientes de la salsa. Es también una fuente de vitamina C.

AZÚCAR Y EDULCORANTES

  • Evita el azúcar añadido: algunas salsas de tomate comerciales contienen azúcar añadido para modificar su sabor y equilibrar la acidez. Si queremos una salsa sencilla, podemos buscar opciones que no incorporen azúcar, jarabes o edulcorantes y comparar la lista de ingredientes entre diferentes productos. Recuerda que los azúcares que aparecen en la tabla nutricional no tienen por qué ser todos añadidos: el propio tomate contiene azúcares de forma natural.

AGENTES ESPESANTES

  • Almidón modificado: Se utiliza para espesar la salsa sin tener que añadir ingredientes adicionales. El almidón modificado puede ser derivado del maíz, la patata o el arroz y ayuda a mejorar la textura de la salsa.

10. Conclusión

Elegir una buena salsa de tomate no solo se trata de encontrar el mejor sabor, sino de tomar decisiones que beneficien tu salud a largo plazo. Al optar por salsas con ingredientes mínimos, sin azúcares añadidos y con aceites de calidad, puedes disfrutar de un producto que no solo mejora el sabor de tus platos, sino que también es nutritivo. La próxima vez que estés frente al estante de salsas de tomate, recuerda que lo simple y natural suele ser la mejor elección. ¡Tu salud y tu paladar te lo agradecerán!

FAQ

Preguntas frecuentes sobre cómo escoger una buena salsa de tomate

 

¿Tomate triturado, tomate frito y salsa de tomate son lo mismo?

No. Aunque los utilizamos para preparaciones parecidas, su elaboración y composición pueden ser muy diferentes. El tomate triturado suele ser un producto mucho más sencillo hecho de tomate como único ingrediente, mientras que el tomate frito y las diferentes salsas pueden incorporar aceite, sal, azúcar, hortalizas, especias u otros ingredientes. Por eso conviene mirar la denominación y los ingredientes de cada producto.


¿Una salsa de tomate abierta cuánto tiempo dura en la nevera?

Depende del producto y del tratamiento que haya recibido, por lo que aquí manda la información del fabricante. Una vez abierto el envase cambian sus condiciones de conservación: hay que refrigerarlo cuando así se indique y respetar el plazo de consumo después de la apertura.


¿Se puede congelar la salsa de tomate?

Sí, muchas salsas de tomate caseras pueden congelarse perfectamente. Una opción práctica es hacerlo en pequeñas porciones para descongelar únicamente la cantidad que vayamos a utilizar. En productos comerciales conviene consultar también las indicaciones del fabricante.


¿Qué significa que una salsa tenga concentrado de tomate?

El concentrado de tomate se obtiene eliminando parte del agua del tomate, de manera que obtenemos un producto más concentrado. Su presencia no significa por sí sola que la salsa sea de peor calidad. Tenemos que mirar el conjunto de ingredientes y la proporción en la que aparecen.


¿Es mejor comprar salsa de tomate en tarro de cristal o en lata?

El tipo de envase no determina por sí mismo la calidad nutricional de la salsa. Tanto el vidrio como los envases metálicos adecuados para alimentos permiten conservar el producto de forma segura. Para elegir entre dos salsas, tiene mucho más sentido comparar su composición que decidir únicamente por el material del envase.


Ruth Magem
Dietista
Colegiada ASNADI 1002

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